En defensa del calzoncillo

La carreta 2 Comentarios

Hablemos claro: el calzoncillo está menospreciado, vilipendiado, desagradecidamente irreconocido por la humanidad y peor aún, maltratado moral y físicamente.

Primero tengo que resaltar la importancia de la prenda para la anatomía masculina. No sólo es el guardián protector de la joya de la corona del reino de la virilidad; si no que va más lejos hasta convertirse en la última defensa de la castidad masculina cuando ya los otros baluartes han sido flanqueados y derrotados.

Empecemos por el nombre: Calzoncillo. Entiendo como un calzón pequeño. ¿Pequeño?, ¿ven como las ofensas son desde el principio?. Además, la palabra es fea. Me suena como a zarcillo y según el diccionario de la real academia de la lengua zarcillo tiene los siguientes significados:

zarcillo. (Del lat. circellus, circulito).

1. m. Pendiente, arete.

2. m. Marca que se practica al ganado lanar en las orejas, de modo que queda colgando una parte de ellas.

3. m. Bot. Cada uno de los órganos largos, delgados y volubles que tienen ciertas plantas y que sirven a estas para asirse a tallos u otros objetos próximos. Pueden ser de naturaleza caulinar, como en la vid, o foliácea, como en la calabacera y en el guisante.

Una cosa que cuelga, larga y delgada. Sin duda estamos ante un acto de vil discriminación, generalización ofensiva y ataque con alevosía.

Algunos amigos esnobistas y muy “pleis” me han dicho en tono de reproche que no diga calzoncillo si no bóxer. Pues bien mis queridos amigos, bóxer para mi es un perro ñato, orejimocho y culimocho; y hasta donde se un calzoncillo de esos tiene las patas mas largas y además aprieta mucho. Por lo tanto no merece ser portador de la joya aquella de la que hablé arriba. Es más, no es un calzoncillo.

Además, la historia dice que los bóxer (¿o bóxeres?), eran unos señores chinos miembros (mejora la cosa), de una secta político-religiosa que se sublevaron contra la intromisión extranjera. En China, por supuesto.

Siguen sin convencerme aun con sublevación e intromisión que están mas acorde con la prenda y especialmente con su huésped.

Sigamos con el diccionario de la RAE y veamos que dice de la palabra calzoncillo.

calzoncillo. (Del dim. de calzón).

1. m. Prenda de la ropa interior masculina, que cubre desde la cintura hasta parte de los muslos, cuyas perneras pueden ser de longitud variable

Ya realmente estoy a punto de conseguir abogado. ¿”Diminutivo de calzón”? ¿Por qué insistir en lo pequeño? Sin embargo, más adelante - con eso de la longitud variable - me siento un poco mas reconfortado.

¿Tenemos nosotros, los dignos portadores del calzoncillo un sitio en Internet, o revista donde podamos comprar nuestras prendas por catálogo? No señor, no existe el John Jairo´s Secret ni nada parecido. Toca en el Éxito o en Carrefour en paquetes de a tres para que salga barato y de colores surtidos.

¿Acaso ustedes conocen un calzoncillo de encaje, de seda o hilos de macramé? Ni poquito. Puro algodón perrata y nacional porque de egipcio ni la sombra.

¿En las secciones de ropa interior usted pregunta: “Señorita, me indica donde están los calzoncillos “Magic Balls”? Eso no existe, nos obligan a ir por el mundo tal cual vinimos sin ninguna ayuda extra por falta del producto.

Además, el calzoncillo nació huérfano y así morirá. No tiene a nadie que lo complemente (como el panty tiene al brasier); la medias no cuentan, y la camisilla - si es que alguien la sigue usando - viene en, si acaso, tres colores. Dos de ellos son blanco y el otro siempre está agotado.

¿Tenemos un nombre exótico como Tanga? He visto algo como un “Calzoncillo tipo tanga?”. La sola palabra “tipo” significa que no es, si no que se parece. Además eso de tanga me suena a un hilo metido por el… Ustedes ya saben. Eso tampoco es un calzoncillo.

En vista de que tengo suficientes argumentos para proceder, he decido crear la Fundación de los defensores del calzoncillo solitario y este 31 de octubre tendremos una marcha nacional por las principales calles de las ciudades capitales. Todos con el calzoncillo en la mano, nuestra bandera y nuestra insignia mayor ondeando por los aires. ..

… hablo del calzoncillo, de nada más.

No soy Nadie, no estoy en Facebook

La carreta 1 Comentario

Lo admito, estoy en Facebook, le boto tiempo y me parece insulso. De no ser porque la cosa entra en el terreno del voyerismo, y eso de entrar en las vidas ajenas es como sabroso; el Facebook (que llamaré Jetilibro: El libro de las jetas), es una pendejada de las más pendejas.

Hace unos días un ex amigo (ya no le hablo más), me dijo que él tenía el triple de amigos que yo. ¿Qué?

- ¿Y tu como sabes eso?

- El Jetilibro

- Bueno eso es relativo, le dije. No todos mis amigos están en esa vaina.

- ¿No? Oye, déjame decirte que estás en nada… en la era de la información y el conocimiento y tus amigos en la edad de piedra?… que mamera. ¿Cómo los contactas?

- Bueno los llamo por teléfono o los chiflo, le dije medio acomplejado ya.

- Hey, no te ofendas “rica”, pero estás mal. Y ellos están peor.

- Mira gran pendejo - le dije ya con la piedra afuera - Yo nací en los sesentas, viví mi adolescencia en los ochentas; no tenia Internet, ni celular, ni email, ni iPOD ni Palm ni ninguna de esas güevonadas que te obligan a usar mochila extragrande y andar buscando donde enchufarte a toda hora. Yo tenía balón del viejo Willy, rifle de aire, Yo-yo, balero, monopatín, carro de balineras, monareta; me subía a los árboles a robar mangos o guayabas, y mis amigos me chiflaban abajo de la ventana y teníamos clave y todo. ¿Ves?

- ¿Yo-yo?, ¿eso tiene que ver algo con la autosatisfacción?

- No güevis, ¿Nunca jugaste con el yo-yo de Coca Cola, o la pelota loca?

- No. Pelota loca le decimos a mi hermano el gay

- En los ochentas no había gay. Sólo maricones.

- ¿Ya buscaste a tus amigos maricones ochentenos en el jetilibro?

- No todos eran maricones, de hecho nada más uno que me acuerde. Y no, no los he buscado en esa vaina

- Pues deberías. Te puedes sorprender.

Indignado y medio confundido, decidí no salir esa noche como estaba planeado y me fui a mi casa a buscar en el jetilibro. La verdad es que no tengo muchos amigos en el jetilibro. Treinta a los sumo. Pero son de verdad - digo yo -, no son amigos de los amigos de mis amigos. Tampoco tengo muchas de las pendejadas que todos tienen, que entre otras vainas me parece como una cartelera del colegio para las épocas de la semana cultural; ni me mantengo enviando mensajes en el “Fun wall” ni regalando “Gift”. No señor, los mío con el jetilibro es serio. Sólo propósitos culturales y filantrópicos. Hasta ahora no había hecho nada de lo uno ni lo otro pero lo arreglaría pronto.

Bueno la cosa es que me puse en la tarea de buscar a los compañeros del colegio y de la “barra” de mis años mozos. Cuatro horas después de estar echando mano de lo más profundo de la memoria y dándole a la tecla en el jetilibro, encontré sólo a uno: el Arnoldo. Arnoldo (omito el apellido por razones que luego entenderán), era el duro del fútbol. De los mejores delanteros (gúeveros les decíamos en esa época), de todos los tiempos y que el fútbol haya visto. No sé como no llegó a profesional. Realmente la selección Colombia perdió - sin tenerlo - a su mejor jugador.

Procedí a enviarle un mensajito a Arnoldo esperando con su ayuda ubicar al resto de los compinches ochentenos, bebedores de cervezas, roqueros y cazadores de vírgenes. Dos días después, el Arnoldo contestó: “Hola Alfo, que gusto encontrarte aquí. Esto del jetilibro es una maravilla, puedes contactarme a este email arnold@losmasgays.org.co y de paso te invito a mi grupo de amigos en el jetilibro: La jaula de las locas. Te quiere: Arnold”

Apagué el computador de un manotazo, me fui a la cocina y me tomé 4 vasos de jugo de mora. ¿Arnoldo es Arnold? El mejor delantero que ha jugado al fútbol, el terror de las vírgenes, el insigne bebedor de cerveza, campeón del “doble play” (eructo y peo sonoro al mismo tiempo), pelionero, y él único que fue capaz de ponerle la mano al matón del quinto “B” ¿es gay y se hace llamar Arnold?

Superada la conmoción inicial, y decidido a obtener las explicaciones del caso, decidí intensificar mis tareas de búsqueda en el jetilibro. Necesito respuestas.

Cinco días después he tenido poco éxito. Como último recurso y sólo con propósitos investigativos, me fui al grupo “La jaula de las locas” en el jetilibro.

No sólo Arnold ya no juega al fútbol, si no que es el presidente y creador del grupo. Tampoco tiene yo-yo ni rifle de aire y hace años vendió la monareta. Es más, dos de mis compinches de juerga, cervezas y vírgenes son miembros activos del dichoso grupito ese. Tienen un club cultural que hace exposiciones de arte gay, lésbico y transexual. Se reúnen cada mes y reclutan nuevos miembros a diario.

¿Para esto es que sirve el jetilibro? Me pregunté.

Esta mañana cancelé mi cuenta en el jetilibro. No sin antes dar una módica donación en dinero al Club de escultoras lésbicas que patrocina Arnold. Como les dije antes: mis intenciones en el jetilibro eran filantrópicas y culturales.

Y no estoy más en el jetilibro. No soy nadie.

« Anterior