In memorian (Homenaje al abuelo)
Octubre 3, 2007 7:11 pm BitácoraEste texto fue escrito a mi abuelo paterno (que nunca conocí). Lo pongo aqui como un homenaje, a destiempo, a él y su legado.
UNA BRILLANTE TRAYECTORIA
ALFONSO MOGOLLÓN DE LA OSSA
Escribe: Dimas Badel.
“Así como el sabio no escoge los alimentos más abundantes, sino los más sabrosos, tampoco ambiciona la vida más prolongada, sino la más intensa”
Epicuro
Cumplida a cabalidad su misión biológica y social sobre esta corteza de la tierra, Alfonso Mogollón de la Ossa se marchó de ella, dejando un intenso vacío en el seno de una sociedad que siempre lo admiró por las raras condiciones de hombría en que desarrolló las actividades de su clara inteligencia.
Acostumbrado a moverse desde pequeño en un ambiente de estudio y de trabajo, con el fin de llevar hasta lo último los vigorosos arrestos de combatiente irreductible en la brega cotidiana en que estamos empeñados desde el nacimiento, este raro ejemplar humano, no esquivó jamás enfrentarse a las más duras contingencias, por arduas que ellas fueran, pues cuanto más inteligente y comprensivo es un ciudadano, tanto más siente la sublime empresa de su ardiente vida y de sus irrevocables propósitos: tal la hazaña ejecutada por Alfonso Mogollón al través de su meritoria existencia, ya que él pensó, como un vidente, que sólo la entereza de las propias obras es lo que da al navío que nos conduce, la brújula y dirección que guían nuestro destino.
De allí que lo viéramos, gallardo y erguido, laborando por el bien del Municipio de Corozal, cuando le tocaba en suerte asistir a las sesiones del Concejo; que como miembro de la Honorable Asamblea Departamental, su labor se distinguió por su sapiente información, y cuando ocupó la Secretaría de Hacienda de Bolívar, se destacó como un director técnico y como un financista de muy eminentes cualidades, y por último como miembro de la Junta Directiva de las Empresas de Servicios Públicos Municipales se le vio atento y solícito, cuando Atropos llegó lentamente al borde de lecho y cortó el hilo de su existencia dejando así a una familia y una sociedad acongojadas.
Y ahora , a la manera de Silvio Pollico, el Piamontés, podemos afirmar que Alfonso Mogollón amó la vida, por lo que tiene de importancia, de grande o de brillante; la amó porque es la arena del mérito, porque le fue gloriosa y necesaria; la amó, a pesar de sus dolores y tal vez por sus mismos dolores, inherentes al ser, como que ellos son los que la ennoblecen, ya que sólo hacen fecundar, germinar y crecer los pensamientos generosos, así como también los generosos deseos, que cual manojo de rosas encendidas vivieron en su espíritu y en su corazón.
Por eso la sociedad en general y el Club Corozal en particular enlutan sus mejores sentimientos por la desaparición de este gallardo ejemplar de hombre, que como humano representante de una generación de adalides del trabajo, se hundió para siempre en lo ignoto, en un claro mediodía del 9 de Octubre de 1958, entregándose confiado en los brazos del Cosmos, pero dejando a la orilla del piélago una legión de seres que no lo olvidan, que lo aman y que respetan su memoria, por las muchas virtudes ciudadanas que encarnó en su paso por el mundo.
Dimas Badel.


