No soy Nadie, no estoy en Facebook

6:49 pm Bitácora

Lo admito, estoy en Facebook, le boto tiempo y me parece insulso. De no ser porque la cosa entra en el terreno del voyerismo, y eso de entrar en las vidas ajenas es como sabroso; el Facebook (que llamaré Jetilibro: El libro de las jetas), es una pendejada de las más pendejas.

Hace unos días un ex amigo (ya no le hablo más), me dijo que él tenía el triple de amigos que yo. ¿Qué?

- ¿Y tu como sabes eso?

- El Jetilibro

- Bueno eso es relativo, le dije. No todos mis amigos están en esa vaina.

- ¿No? Oye, déjame decirte que estás en nada… en la era de la información y el conocimiento y tus amigos en la edad de piedra?… que mamera. ¿Cómo los contactas?

- Bueno los llamo por teléfono o los chiflo, le dije medio acomplejado ya.

- Hey, no te ofendas “rica”, pero estás mal. Y ellos están peor.

- Mira gran pendejo - le dije ya con la piedra afuera - Yo nací en los sesentas, viví mi adolescencia en los ochentas; no tenia Internet, ni celular, ni email, ni iPOD ni Palm ni ninguna de esas güevonadas que te obligan a usar mochila extragrande y andar buscando donde enchufarte a toda hora. Yo tenía balón del viejo Willy, rifle de aire, Yo-yo, balero, monopatín, carro de balineras, monareta; me subía a los árboles a robar mangos o guayabas, y mis amigos me chiflaban abajo de la ventana y teníamos clave y todo. ¿Ves?

- ¿Yo-yo?, ¿eso tiene que ver algo con la autosatisfacción?

- No güevis, ¿Nunca jugaste con el yo-yo de Coca Cola, o la pelota loca?

- No. Pelota loca le decimos a mi hermano el gay

- En los ochentas no había gay. Sólo maricones.

- ¿Ya buscaste a tus amigos maricones ochentenos en el jetilibro?

- No todos eran maricones, de hecho nada más uno que me acuerde. Y no, no los he buscado en esa vaina

- Pues deberías. Te puedes sorprender.

Indignado y medio confundido, decidí no salir esa noche como estaba planeado y me fui a mi casa a buscar en el jetilibro. La verdad es que no tengo muchos amigos en el jetilibro. Treinta a los sumo. Pero son de verdad - digo yo -, no son amigos de los amigos de mis amigos. Tampoco tengo muchas de las pendejadas que todos tienen, que entre otras vainas me parece como una cartelera del colegio para las épocas de la semana cultural; ni me mantengo enviando mensajes en el “Fun wall” ni regalando “Gift”. No señor, los mío con el jetilibro es serio. Sólo propósitos culturales y filantrópicos. Hasta ahora no había hecho nada de lo uno ni lo otro pero lo arreglaría pronto.

Bueno la cosa es que me puse en la tarea de buscar a los compañeros del colegio y de la “barra” de mis años mozos. Cuatro horas después de estar echando mano de lo más profundo de la memoria y dándole a la tecla en el jetilibro, encontré sólo a uno: el Arnoldo. Arnoldo (omito el apellido por razones que luego entenderán), era el duro del fútbol. De los mejores delanteros (gúeveros les decíamos en esa época), de todos los tiempos y que el fútbol haya visto. No sé como no llegó a profesional. Realmente la selección Colombia perdió - sin tenerlo - a su mejor jugador.

Procedí a enviarle un mensajito a Arnoldo esperando con su ayuda ubicar al resto de los compinches ochentenos, bebedores de cervezas, roqueros y cazadores de vírgenes. Dos días después, el Arnoldo contestó: “Hola Alfo, que gusto encontrarte aquí. Esto del jetilibro es una maravilla, puedes contactarme a este email arnold@losmasgays.org.co y de paso te invito a mi grupo de amigos en el jetilibro: La jaula de las locas. Te quiere: Arnold”

Apagué el computador de un manotazo, me fui a la cocina y me tomé 4 vasos de jugo de mora. ¿Arnoldo es Arnold? El mejor delantero que ha jugado al fútbol, el terror de las vírgenes, el insigne bebedor de cerveza, campeón del “doble play” (eructo y peo sonoro al mismo tiempo), pelionero, y él único que fue capaz de ponerle la mano al matón del quinto “B” ¿es gay y se hace llamar Arnold?

Superada la conmoción inicial, y decidido a obtener las explicaciones del caso, decidí intensificar mis tareas de búsqueda en el jetilibro. Necesito respuestas.

Cinco días después he tenido poco éxito. Como último recurso y sólo con propósitos investigativos, me fui al grupo “La jaula de las locas” en el jetilibro.

No sólo Arnold ya no juega al fútbol, si no que es el presidente y creador del grupo. Tampoco tiene yo-yo ni rifle de aire y hace años vendió la monareta. Es más, dos de mis compinches de juerga, cervezas y vírgenes son miembros activos del dichoso grupito ese. Tienen un club cultural que hace exposiciones de arte gay, lésbico y transexual. Se reúnen cada mes y reclutan nuevos miembros a diario.

¿Para esto es que sirve el jetilibro? Me pregunté.

Esta mañana cancelé mi cuenta en el jetilibro. No sin antes dar una módica donación en dinero al Club de escultoras lésbicas que patrocina Arnold. Como les dije antes: mis intenciones en el jetilibro eran filantrópicas y culturales.

Y no estoy más en el jetilibro. No soy nadie.

Un comentario

  1. clasaenz dice:

    Mentirassssss! Te vi te vi esta mañana!
    jajaja
    Está bueno, pa’ que!

Deje un comentario

Escriba su comentario

Puede usar estas etiquetas si lo desea: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>

Tenga en cuenta: Este sitio modera los comentarios enviados. Quizá demore un poco en ver su comentario publicado. No es necesario que lo envíe nuevamente.