Reflexiones del F4

9:50 pm Bitácora

No cabe duda alguna, la marcha del 4 de febrero de rechazo al secuestro, las muertes y las mentiras de la FARC, fue un acontecimiento sin precedentes en nuestra historia. Ya con buena tinta corrida sobre el asunto y ante la nueva invitación a los colombianos que está circulando por lo medios a moverse en una nueva marcha pero esta vez para rechazar la violencia que viene del otro lado del conflicto; vale la pena que esta candonga reflexione sobre el tema.

Nuevamente no cabe duda que la violencia en colombia no tiene partido, ni lado, ni bando. Viene de todos lados y apunta sus fusiles sin distinción alguna. Entonces si es importante salir y prostestar contra este otro lado de la violencia. Porque así como la marcha del F4 no era en favor de nadie, ni de despejes, ni presidentes, ni reelecciones. Esta otra marcha tampoco apoyará a nadie, ni a grupo alguno, ni despejes, ni contra ni a favor de presidente alguno o vecino.

Todos los colombianos debemos entender - y entonces saldremos en una tercera marcha - , que FARC, paramilitares, y toda esa sarta de organizaciones de la maldad, no son la causa si no consecuencia de un mal mucho mayor que los engendró, los parió, los crió y los engordó hasta convertirlos en lo que ya conocemos. Ese mal tiene en su genética la corrupción, la injusticia, la mentira y la permisividad.

No importa que apunta de bala, o dólares se acabe a la guerrilla; o que a punta de “Justicia y Paz” se acaben los paras. Ojalá ese día llegue, y ojalá esté cercano. Pero mientras los niños se mueran en las puertas de los hospitales por falta de carné, o mientras una familia aguante hambre por cuenta de un despido injusto; en alguna parte se estará gestando una nueva revelión que encontrará eco en la madre del niño muerto en la puerta del hospital.

En la Candonga creemos que con hambre no habrá paz, con injusticia social será muy difícil salir de este lodazal de sangre y dolor. Hace falta acabar con el mal mayor. Guerrilla y paras son sólo dos de los síntomas.

Tampoco creemos en un país de persona idénticas, ese modelo nació anacrónico. Pero sí creemos en un país donde las oportunidades estén al alcance de todos. Donde los más débiles sean los mejor atendidos. Donde los niños, todos ellos, tengan la oportunidad de estudiar hasta donde les dé la gana y no hasta donde su pobreza se los permita. Queremos un país de gobernantes justos y honestos que miren mas allá de su bolsillo. Donde nosotros, el pueblo, no cambie su conciencia por un ventilador y tenga la voluntad de unirse, protestar y tumbar un mal gobernante.

Entonces si algún día nos volvemos a poner de acuerdo. Y yo sé que sí. Unámonos en un grito con la fuerza suficiente para no tener que repetirlo nuevamente. Queremos un país justo. De gobernantes honestos, de políticas centradas en lo social. Un país donde la palabra corrupción esté en vía de extinción.

Esa, mis amigos, es la tercera marcha. No más corrupción. ¡No más!

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