El Súper mes

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Llegó el súper mes: Diciembre. El mes de la rumba, de los regalos, de las fiestas , de la natilla y del buñuelo. El mes del moño, de la cinta. El mes rococó. También es el mes de la falsedad, de la postura, el mes del mírenme que bueno y generoso soy.

Llegó el súper mes con sus sueños de futuros mejores, pesebres criollos y pinos importados. El mes de ríos de celofán y muérdagos de plástico.  El mes del regalo obligado y las frases pre hechas; frases de cajón envueltas en papel de regalo barato y moño reciclado.

Y no es que no me guste. Todo lo contrario, adoro la navidad.  En mis aquellas épocas de estudiante de provincia en la gran ciudad, la navidad era la época de volver a la casa a ver la mamá, a los hermanos, a estar con los amigos del alma y la noviecita abandonada. Pero desde aquellas épocas desprecio a quienes la usan como excusa. Aquellos que durante todo el año han pateado el perro del vecino y el 24 de diciembre hasta le regalan un hueso de juguete buscando resarcir sus culpas. Y que bueno que se arrepintieran y no arrancaran a pegarle nuevamente en pleno guayabo del 1 de enero.

Ya vienen las novenas con sus hijos putativos y sus españoladas anticuadas, los buñuelos pasados con aguardiente; las panderetas arrebatadas y los barítonos de patio entusiasmado con tanto piscolabis.

Este es el mes en los enemigos se amigan y los amigos se compinchan. Si su jefe déspota y enemigo de todos los saluda con mano en el hombro y todo. No lo dude, estamos en diciembre. Si le llega la consabida ancheta colmada de fechas vencidas y su vecino le ofreció vino sansón con galletas navideñas de bolsa, es hora que saque las ovejas del Tía, los reyes magos acromegálicos, el lago de espejo y los cisnes de piñata y arme su pesebre en el nicho de la escalera. Yo le recomiendo que use un par de cajas de Saltinas como cordillera improvisada para que la composición no le queda tan plana. Pero no use musgo porque le cae Juan Lozano a su casa y le decomisa hasta la guirnalda.

A puesto a que este mes recibe de regalo el jarrón horroroso que hace dos años le dio su exnovia y que el año pasado usted le regaló a su tía rica. Eso es lo fabuloso de la Navidad; es el tiempo de los reencuentros.

Así que prepárese para el súper mes. Sea honesto con usted mismo y por su puesto con los demás. Si el Poodle de su vecino aún le cae mal, siga pateándolo sin compasión. Si puede mátelo. Así no tiene que fingir más.