El fin del mundo
August 20, 2009 7:52 pm La carretaLos humanos somos plaga, la peor de todas, inconsciente y egoísta. Arrasamos, deforestamos, extinguimos sin parar, agotando las pocas reservas que ya no nos quedan. Nuestra raza se multiplica sin pudores. De la mano de la ciencia que extiende la vida más allá de los límites de la dignidad de vivir, y de un puñado de religiones que promueven la multiplicación prohibiendo la planificación sin tapujos con el único objeto de tener mas fieles en sus filas; hemos hecho de este planeta un lugar de hacinamiento, un gueto pestilente, un basurero en la que nuestra raza es la inmundicia que mas abunda.
Sólo entre el año 2003 y 2004, la deforestación del Amazonas alcanzó más de 26 mil kilómetros cuadrados. Esto equivale a destruir una franja de selva equivalente a una cancha de fútbol cada 10 segundos. (www.greenpeace.org). En el mundo hay más de 17.000 especies en extinción, calentamos la tierra con emisiones nauseabundas; generamos mas basura que ideas y aún así tenemos el descaro de reclamar este lugar como propio.
Nuestros alrededores son estériles, no hay vida cercana en esta parte del universo en la que vivimos. Y si la llegase a haber, acaso serán una o dos especies a lo sumo; muy lejos de esta rica biodiversidad, que nos inunda, que es frágil, y que ignoramos olímpicamente.
Desde aquel imbécil que veo en la calle arrojando una lata exprimida de cerveza, hasta las señora más encopetada que arroja colillas desde su flamante y contaminante sedán último modelo y con asientos de cuero de vaca asesinada.
De lejos recuerdo a los campesinos de mi pueblo en los que en sus casas no había caneca de basura, simplemente porque no existía la basura. Buena parte de sus desperdicios iban a parar a las marraneras o como abono para aumentar la vida. “la tierra siempre tendrá valor por que cada vez somos más. Y si traen tierra de otro lado, ¿dónde la van a poner?”, decía uno de esos sabios analfabetas que si recuerdo bien.
Somos unos inquilinos irresponsables. Nos pusieron en este lugar para crecer en él y lo que hicimos fue desbordarlo con inmundicias. Pero esa naturaleza, esa misma que creo que es Dios; que tiene el poder de crear vida de la nada, y de quitarla cuando se le antoja; esa misma naturaleza, ese mismo Dios se encargará de sacarnos de aquí con las misma facilidad con la que nosotros contaminamos una fuente de agua.
Algún día, que espero no esté muy lejano, los verdaderos dueños de este tibio rincón en el universo al que llamamos tierra, vendrán a sacarnos de aquí con la misma indolencia como con la que hemos tratado a este lugar que nos prestaron para vivir.
Ese día que nos quedemos sin casa, ese día será el famoso fin del mundo. Fin por nuestra propia mano.
Alfonso Mogollón ©
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