Adiós, compañera mía

6:58 pm La carreta

Hoy le digo adiós. Desde hoy en adelante no la veré más, la sacaré de mi vida con el dolor que parte el alma y la decisión irreversible de quien ha sido traicionado.  Trataré de recordar aquellos buenos tiempos que compartimos juntos en los que ella era parte importante de mi vida, cuando no había nada mejor, cuando era perfecta para mí. No tengo rencores, no hay odio, sólo la determinación que me obliga a buscar un camino lejos de ella.

 Hoy recuerdo el día que la vi por primera vez; todavía se me acelera el corazón cuando recuerdo su figura que destacaba por encima de las demás: hermosa, altiva, imponente. No lo dudé ni un segundo, desde que la vi quise hacerla mía con la pasión y obsesión del amor a primera vista; ese mismo día la llevé a mi casa y ahí empezó nuestra historia de amor que yo pensaba eterno.

 Es difícil creer que después de todo estos años, dejó de ser todo eso para convertirse en mi más doloroso tormento.

 No se cómo ni cuándo empezó este doloroso final.  Quizá alguna noche que llegué a mi casa con algunos tragos de más, fui a buscarla ansioso de encontrar en ella lo que en la calle me habían negado. Pero no, tampoco ella tenía eso que yo necesitaba. No se si fue mi culpa o de ella. Hubiera sido menos difícil encontrar una solución en aquellos días.  Hoy es demasiado tarde.

 Hace un año mas o menos, me desperté a media noche sobresaltado. La oí hacer unos ruidos extraños. ¿Estás llorando? ¿Ríes acaso?, ¿Te burlas de mí?. No me contestó, ni una palabra. Ese día supe que ya no era la misma, que algo le pasaba y que las razones de su pena eran desconocidas para mi.

 Conseguí ayuda profesional para alivianar sus pesares. Quizá mejoró un poco, ya no me sobresaltaba a media noche por su culpa. Quizá ya no la oía porque escondía sus males para que yo no me enterara. Eso acabó con la poca confianza que le tenía. “Si ya no me cuentas que te pasa, no podré ayudarte”, le dije un día que al irla a buscar la encontré helada como témpano de hielo.

 Estos tres últimos meses han sido una tortura inimaginable y que no puedo describir. Día tras día de incontables y sucesivas decepciones, un dolor tras otro,  y no hay señales de que quiera cambiar.  Ha dejado de trabajar, se pasa horas interminables quieta en la cocina sin hacer nada, sin hablar, sin mirar, ida del mundo y lejos de todo, vacía y sin esa luz interior que me cautivó cuando la conocí.

Para empeorar la situación, otra ha llegado a mi vida. Veo en ella lo que la mía no tiene: es más joven, más modera, es diferente. Tiene todo lo que yo necesito. Es por eso que voy a cambiar, es para bien; el mío y el de ella.

 Hoy he decidido dar el paso. Hoy se va de mi casa, otra llega en su lugar. No se cual será su futuro; espero que en unas nuevas manos se sienta más útil que conmigo.

 Ya está decidido, con el dolor y emoción que eso me causa, hoy cambio mi nevera vieja por un nevecón de doble puerta, dispensador de hielo, agua helada y compartimiento para el vino. Es nueva, no hace ruido y además… fue amor a primera vista.

Adiós, vieja nevera mía

Alfonso Mogollón ©
www.candongafantastica.com

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